23.5.11


El marxismo del siglo XXI y la fortaleza, la debilidad y la decadencia del Imperialismo Norteamericano (Sobre el futuro del Imperialismo norteamericano)


Por Jorge Veraza Urtuzuástegui



Para hacer un pronóstico acerca del futuro norteaméricano son posibles varios caminos; por supuesto todos ellos pasan por analizar dicho imperialismo en el presente, si es que queremos que el pronóstico sea científico o, por lo menos, realista. A tal efecto nos interezaremos, en lo que sigue, en un aspecto por demás significativo de la política interior norteaméricana de cara a las elecciones presidenciales del 2012.

1. Wallerstein y el cansancio de la guerra en EUA (2011)

En un reciente articulo, Immanuel Wallerstein (“¿Hay en Estados Unidos un cansancio de la guerra?”), reflexiona sobre un hecho interesante sucedido en la política norteamericana, particularmente en la opinión publica norteamericana. Un hecho al mismo tiempo político y mediático: las encuestas recientes nos muestran que los encuestados no están de acuerdo con permanecer  en Afganistán, ni en que el ejercito norteamericano prosiga con las operaciones en Libia que recién acaba de comenzar. Esto marca un hito en la historia de la opinión publica norteamericana reciente, porque, en 2002, cuando comenzó la guerra con Afganistán, la opinión publica mayoritaria de Estados Unidos estaba de acuerdo en que entrara en esa guerra  y  Estados Unidos obtuvo también un gran respaldo internacional.  En la invasión a Irak de 2003, si bien el respaldo mundial disminuyó sensiblemente, la opinión publica Norteamericana estaba mayoritariamente de acuerdo; pero  actualmente ni hay un respaldo sólido internacional pero tampoco la opinión publica norteamericana está de acuerdo en que se prosigan las guerras. Los encuestadores sacan la conclusión de que está ocurriendo una especie de “cansancio de la guerra”,  es lo que nos reseña Immanuel Wallerstein. Y procede a analizar la política interna en referencia a las elecciones del 2012: ¿cómo habrán de posicionarse los candidatos del partido Demócrata y del partido Republicano en estas elecciones —principalmente en torno al tema de la guerra— y si el imperio debe hacer la guerra o no? Actualmente se encuentra involucrado en tres guerras en Medio Oriente: en Afganistán, en Irak y en Libia.
Registra Wallerstein que el candidato del partido Demócrata a la presidencia de la Republica de Estados Unidos es incuestionablemente Barack Obama en vista de reelegirse y que no tiene ningún otro rival dentro de su partido; mientras que el candidato del partido Republicano todavía no se tiene a mano, hay diez posibles candidatos que rivalizan y todos deben comenzar  casi desde cero pues no hay una opinión de antemano favorable a ninguno; pero en el curso de esta competencia irán haciendo propuestas. Y ya se perfilan algunas muy interesantes, porque, curiosamente, algunos candidatos del partido Republicano expresan ideas en referencia a las guerras del Imperio que rebasan las de Obama. Es el caso del representante de Texas, Ron Paul, que desde 2008 busca que se disminuya sensiblemente la presencia militar de Estados Unidos en Medio Oriente. Y todavía, más a la izquierda, por así decirlo, se encuentra otro posible candidato del partido Republicano, Gary Johnson,  un exgobernador republicano de Nuevo México, pues, de hecho —reseña Wallerstein— “llama a una retirada total e inmediata en Afganistán, Irak y Libia”. Y bien, todo prepara un escenario electoral en el que estos temas van a ser evidentemente discutidos en todos los ámbitos; particularmente en televisión habrán debates sobre el punto y pronto, dice Wallerstein, “todo Estados Unidos va estar debatiendo el tema”, y añade: “Obama descubrirá, entonces, que la posición centrista que él ha estado tratando de mantener de pronto se movió hacia la izquierda, así que si quiere permanecer siendo un centrista él también debe de moverse a la izquierda”,  para poder competir contra tales candidatos.
En todo caso, el problema no solamente es que sean oponentes del partido Republicano y estén proponiendo una salida inmediata de los escenarios de guerra sino que la opinión publica actual en Estados Unidos coincide mayoritariamente con estas opiniones y que esta opinión publica también es determinante para la decisión de voto para la presidencia de la republica,  Wallerstein, concluye del siguiente modo: “esto implicará un viraje  importante en la política estadounidense”. La idea de que las tropas deben retornar a casa se ha vuelto una posibilidad seria. Algunos echarán humo de coraje porque Estados Unidos estará, así, exhibiendo debilidad. Y de algún modo esto será cierto. “Es parte de la decadencia estadounidense”, confirma Wallerstein, y añade: “sin embargo, le recodará este hecho a los políticos estadounidenses que pelear guerras requiere de un serio apoyo de la opinión publica”, es decir,  que no pueden simplemente manejar las cosas a gusto, sino que tienen que ser guerras, por así decirlo, democráticas, concensadas; y prosigue Wallerstein: “y en esta combinación de presiones geopolíticas y económicas que todo el mundo siente, el cansancio de la guerra es un serio factor a considerar de aquí en adelante”. Ahora bien, las reflexiones que me sugieren estos escenarios y las opiniones de Wallerstein son las siguientes:

2. Criticas a la visión de Wallerstein  sobre la decadencia, la debilidad y el imperialismo norteamericanos.

En primer lugar, por qué la opinión publica norteamericana muestra este cansancio de la guerra, es algo que no se pregunta Wallerstein. A la manera de los encuestadores simplemente constata el hecho; y los encuestadores al constatar el hecho le ponen nombre y lo interpretan como cansancio de la  guerra, como  quien dice “hemos hecho demasiado tiempo la guerra y estamos cansados”, esto es, describen una  relación causa-efecto. Es lo más que se preguntan  implícitamente; y algo análogo parece pensar Wallerstein y en algún lugar de su texto señala que  “claro, Estados Unidos no ha sido triunfador en ninguno de estos escenarios de guerra de manera evidente”, entonces que, no solamente hemos hecho durante mucho tiempo la guerra y estamos cansados, sino —añade una nueva causa de alguna manera— que  hemos hecho la guerra y no hemos triunfado; lo cual constituye un factor de frustración y, entonces, mejor ya no queremos hacer la guerra por eso nos encontramos cansados. 
Pero más allá, de estos dos factores no tenemos una reflexión seria sobre por qué brotó este curioso fenómeno psicológico y, también, político: un verdadero posicionamiento político de buena parte del electorado norteamericano.  Pues a mi modo de ver, este cansancio no simplemente es cansancio de guerra; sino que el cansancio de guerra esta reflejando un otro cansancio, si queremos seguir utilizando la palabra;  y se trata del cansancio del electorado norteamericano de la política neoliberal desplegada a la manera de Bush hijo, guerras manipuladas incluidas, en donde el consenso fue fabricado a partir de mentiras  y manipulación de los medios de comunicación, mentiras como la de la presencia de armas de destrucción masiva en Irak que nunca se han encontrado. Pero, también, estas guerras —que son producto de la política neoliberal— de rechazo han tenido una repercusión en la propia política interna norteamericana y en la propia economía norteamericana, actualmente pasando por una grave crisis económica desde septiembre de 2007;  y, entonces, es de todo esto, de lo que está cansado buena parte del electorado norteamericano. El cual sabe que estas guerras neoliberales son, por así decirlo, la cereza del pastel —pero también la palanca continua— para que prosiga viviéndose dentro de Estados Unidos una situación de malestar social, de decadencia del gasto social en general, del empleo y del salario, etc. O en el momento en el que era preciso no se contara con recursos urgentes para afrontar no solamente el huracán Katrina sino, incluso, para haber preparado la infraestructura requerida para este tipo de eventualidades, y que el gasto no se hizo  porque, más bien, se estaba utilizando ese dinero en gastos de guerra. Así que  para el electorado se ha vuelto evidente —sobre todo después del huracán Katrina que golpeo las costas de Florida— que los gastos de guerra tienen impacto decisivo en el recorte de los gastos sociales o de preservación frente a catástrofes naturales dentro de Estados Unidos.
Pero si vemos así las cosas, ya podemos —ahora sí— entender por qué Obama se encuentra como candidato único dentro de su partido y no tiene competencia y  simultáneamente  que los posibles candidatos del partido Republicano todos parezcan enanitos que no han logrado crecer políticamente frente al electorado durante la administración Obama. Es decir, que no tienen voz o cara con la cual presentarse  al electorado más que si se radicalizan;  y que la actuación neoliberal  por décadas —y, sobre todo los ochos años de la administración Bush hijo— les han creado una imagen deleznable para todo el electorado.
Así que es de toda una política no sólo guerrera sino de toda la política internacional, de la política interior y, de hecho, de toda la política neoliberal que ha caracterizado las ultimas cuatro o cinco administraciones en Estados Unidos de lo que el electorado se encuentra cansado, como decía. Pero ojo, no solamente el electorado. Sino que, este pueblo, que se está pronunciando por humanidad, por bienestar y por propia salvación del pellejo —está expresando o coincidiendo con una opinión que ya  se ha formado, también, poco a poco en las altas esferas de la política y de la economía norteamericanas en cada vez mayor número de sectores.

O para decirlo resumidamente —para no hablar simplemente de distintos grupos  de poder económico y político— que el capital social norteamericano (que hay que distinguirlo respecto de tal cual o cual empresa petrolera  o de tal  o cual empresa constructora como  Halliburton, etc. que tienen intereses muy fuertes en las guerras de invasión, por ejemplo la de Irak, sí, que se distingue de las distintas grandes empresa transnacionales) el capital social, digo,  está cargándose cada vez más hacia la idea de que las guerras en este momento no le son benéficas al propio capital social norteamericano, aunque todavía le puedan ser benéficas a uno de sus capitales de vanguardia o algunos.

En realidad, este fenómeno de diferencia e, incluso, de contradicción entre  el capital social norteamericano y algunas empresas pentagonistas, guerreristas, se viene perfilando desde los últimos años de la gestión de Bush[1]1pero conforme la crisis económica de 2007 a la fecha se viene profundizando, la opinión se consolida  más. Este sería el primer comentario  que me gustaría hacer.

El segundo comentario no es acerca de una insuficiente reflexión en la intervención de Wallerstein o acerca de una reflexión que a propósito de los acontecimientos que realmente están ocurriendo  habría que hacer como la que acabo de exponer, sino que es debido a que la opinión de Wallerstein o la reflexión de Wallerstein sobre estos asuntos me parece contradictoria; y  no tanto en cuanto al escenario político coyuntural —pues me perece bastante atinada su intervención al respecto— sino en cuanto a las premisas históricas y estructurales de este escenario.
Y el caso es, justamente, que en esta intervención de Wallerstein su concepto de decadencia del imperio estadounidense realmente entra en crisis. 
En efecto, la hegemonía mundial de Estados Unidos se encuentra debilitada, pero estaría por probarse si se encuentra en crisis. El trabajo formidablemente irresponsable de Bush hijo en la escena internacional pareciera, si lo describimos en términos plásticos, un hombretón que toma un marro y empieza a golpear un muro y se pasa ocho años haciéndolo y, entonces, el muro se va a ver debilitado, y muestra ya alguna grieta; así que, ciertamente después de estos mazazos que Bush hijo le propinó a la hegemonía mundial de Estados Unidos durante sus dos gestiones, ciertamente que se encuentre débil[2]2.  Es patente y es cierto; pero de ahí a que se encuentre en crisis hay que probarlo.
Por otro lado,  que el imperio estadounidense se encuentre en decadencia, es algo que yo no estaría en desacuerdo en afirmar, pero mi opinión acerca de la decadencia de Estados Unidos, en primer lugar, se distingue  del hecho de que Estados Unidos esté debilitado en su hegemonía o de que su hegemonía esté en crisis. Su hegemonía puede  no estar en crisis e, incluso, ni siquiera estar débil, pero estos no son datos suficientes para no hablar de decadencia del  imperio. Pues aunque no estuviera en crisis o no estuviera debilitada la hegemonía mundial de Estados Unidos, otros múltiples hechos nos muestran que el imperio se encuentra en decadencia; datos tanto económicos como políticos y civilizatorios, es decir, de la civilización material producida por Estados Unidos: el American way of life, el tipo de tecnología nociva que posee, el hecho de que la tecnología de paz  esté continuamente dependiendo de las innovaciones  tecnológicas de la tecnología de guerra o que esté al servicio del Pentágono, todo esto son rasgos de decadencia que, finalmente, se nos revelan como una producción masiva de destrucción ecológica a nivel planetario y de destrucción de la salud fisiológica y mental  por malos alimentos, por polución ambiental, etc.  Estos, son para mí, rasgos decisivos de la decadencia de Estados Unidos3[3].
Pero Wallerstein maneja otro concepto de decadencia anfibio, a mi modo de ver. Y voy a permitirme volver a citar el pasaje que realmente es sorprendente  donde  Wallerstein  no es que  hable de  una contradicción sino que se está contradiciendo.  Dice: “la idea de que las tropas deben retornar a casa se ha vuelto una posibilidad seria, algunos echaran  humo de coraje por que Estados Unidos estará así exhibiendo debilidad”. Seguramente los que así piensen son empresarios  guerreristas y políticos o personas de la opinión publica que piensan que es necesario que Estados Unidos se muestre fuerte, y que la única manera de mostrarse fuerte es haciendo la guerra; pero estas unilateralidades de estos políticos de la derecha y de esta opinión publica también de derecha, profundamente reaccionaria, parece ser el criterio decisivo que tiene Wallerstein –que no es de derecha- para hablar de si Estados Unidos se encuentra débil o no, si su hegemonía esta debilitado o no.
Y por ese motivo dice a renglón seguido —después de que nos dice “algunos echaran  humo de coraje por que Estados Unidos estará así exhibiendo debilidad”— dice: “y de algún modo esto será cierto”. Y no solamente dice que es cierto que exista debilidad sino que ahora pasa a caracterizar o a dar una razón  de la debilidad. Y es que esta debilidad o este acto de retirarse de los escenarios de guerra, es parte de la decadencia estadounidense. Con lo que aquí la decadencia estadounidense  se está midiendo —puede ser que por algunos otros factores, pero el factor decisivo para medirla es si Estados Unidos es fuerte militarmente y la fortaleza militar de Estados Unidos parece medirse, a su vez— de manera reduccionista porque se encuentra ya involucrado en escenarios de guerra. Pero es evidente que si Estados Unidos estuviera involucrado no solamente en esos tres escenarios de guerra en Medio Oriente sino en diez escenarios de guerra más en Medio Oriente no lo estaría haciendo porque se encuentra más fuerte sino más desesperado;  y, además de significar debilidad, estaría debilitándose crecientemente. Así que,  esta argumentación de Wallerstein realmente es absurda. Y peor seria —además de los escenarios de guerra en Medio Oriente— multiplicar los escenarios de guerra en cualquier otra parte del globo terráqueo.
En sintesis, Wallerstein dice un absurdo y lo sostiene en medio de su argumentación y lo remacha al añadir a la debilidad la supuesta razón de la misma: la decadencia de Estados Unidos, misma que está siendo medida fundamentalmente por la debilidad guerrera; y  la debilidad guerrera la mide Wallerstein a su vez de manera circular y viciosa, apoyándose en la presencia estadounidense en los escenarios de guerra.

Este conjunto de círculos viciosos se deben al hecho de que Wallerstein no está distinguiendo entre los políticos norteamericanos y la economía norteamericana; además no está distinguiendo entre las distintas empresas capitalistas norteamericanas o la suma de las mismas respecto del capital social norteamericano.
No hace estas distinciones y ,además, estos círculos viciosos se deben  a que tiene una noción del capitalismo identificada con imperialismo y el imperialismo, a su vez, entendido en una clave que de una u otra manera deriva de la visión leniniana sobre el mismo: hay una nueva fase, esta nueva fase imperialista es la “ultima fase”, es la fase en  la que el capitalismo va a terminar y ello conforme más avance la etapa imperialista; la cual se demuestra —además de porque exista una nueva relación de producción dominante, el capital financiero en el capitalismo de los monopolios, como dice en su libro Lenin4[4], además, se estaría probando la existencia de la fase imperialista— en la guerra.
Por eso la postura de Wallerstein significa una contradicción por si misma: el imperio tiene que hacer la guerra y si no hace la guerra le va mal y si sí la hace también, muévase para donde se mueva siempre estaremos en la “ultima fase” del imperio, en una fase de decadencia. Decadencia y debilidad, aquí se identifican; y la debilidad real no se sabe jamás como medirla; y guerrear no parece nunca signo de debilidad pues el no guerrear jamás es valorado como signo de que se está suficientemente fuerte y se es conciente de ello como para no hacerlo. Por eso es que tenemos aquí una especie de decadencia imperial que no se argumenta o que fácilmente —como ya de antemano tenemos esa carta en la mano de la “ultima fase”—  si aparece un signo de debilidad o que creemos que es de debilidad, inmediatamente decimos que esto prueba la decadencia. Evidentemente este es un modo mágico de argumentar, donde el argumento expresa nuestra voluntad de, por un lado, espantar al enemigo y, por otro lado, de generar confianza y esperanza entre los amigos en vista de que se decidan al combate en contra de aquél; el argumento es político ideológico pero tiene la apariencia de análisis científico aunque, en definitiva, es una especie de exorcismo paradójicamente pronunciado en la modernidad; y que guarda en su corazón la interna convicción de que si se pronuncia con el énfasis adecuado, efectivamente el imperio caerá. Para lo cual simplemente se trata de que él mismo se convenza de que está viviendo su última fase. Más bien, las cosas hay que verlas de otro modo.
En efecto, que Barack Obama empiece a retirar las tropas de Irak y que previsiblemente vayan a retirarse de manera completa  en los próximos meses, esto no es signo de debilidad del imperio. Esto es un signo de que el  imperio esta intentando fortalecerse porque se debilitó por las acciones de Bush, irresponsables y mal pensadas; quien las hizo creyendo que así servía  al capital norteamericano. Cuando servía sólo a algunas empresas norteamericanas pero no al todo capitalismo norteamericano. Ahora bien, como todo el capitalismo norteamericano de alguna manera es quien domina a los electores, al conjunto del pueblo norteamericano, entonces el pueblo norteamericano es el que se está quejando en primer lugar; pero al hacerlo hace valer  una noción que sin palabras se la está diciendo en secreto a si mismo el capital norteamericano: parece que no me está conviniendo esto. Y el pueblo norteamericano se lo muestra a ojos vistas a gritos, que este tipo de aventuras es muy costoso no sólo política sino, también, económica y geopolíticamente.
Luego, que en vez de hacer guerras se lleve acabo  una operación quirúrgica como la que llevó  acabo el servicio de inteligencia  reciente de Barack Obama, de asesinar a Osama Bin Laden, esto significa un progeso respecto de Bush hijo en la reciente política norteamericana; pues en lugar de masacrar a miles de gentes en principio sólo masacra a unos cuantos y especialmente a un líder político. Claro, que de otro lado, esto significa una decadencia y degradación de la visón del imperio acerca  de lo que significa la política a nivel mundial y cómo cínicamente pueden portarse como hampones, como miembros de la mafia simplemente  ordenando liquidar  a un enemigo, tal y como inteligentemente lo denuncia en otro articulo reciente José Blanco5[5].
Pero el problema de fondo es el asunto de la decadencia del imperio, en tanto derivación de la proyección —no de constatarlo en la realidad o de hacer una reflexión profunda sobre el hecho con base en  la estructura del capitalismo, como la haría Marx, sino— de la proyección de la idea de fase superior y ultima del capitalismo, premisa acrítica que lleva a hacer una reflexión superficial que fácilmente entra en contradicciones.
De otro lado, el hecho de que la política norteamericana realmente se retire de estos escenarios de guerra, en la medida en que muestra un imperio razonable, un imperio inteligente, muestra a un imperio más fuerte.
Esto es, que el imperio no se vea obligado a defender sus posiciones diplomáticas, geopolíticas y económicas mediante la guerra, significa que ya tiene a mano otros instrumentos mejores para defenderlas; no significa necesariamente que ya no tiene cómo defenderlas, que es la suposición implícita de Wallerstein. O que el instrumento de la guerra para defenderlos —así que no tenga yo a mano ningún otro instrumento— ya se ha desgastado tanto que me cuesta más utilizarlo que el no utilizarlo. Y esto no significa necesariamente una decadencia del imperio sino un desarrollo general de la humanidad; un desarrollo general de fuerzas productivas, incluso así sea de fuerzas productivas capitalistas: porque todos los países del orbe poseen  una medida de capital cada vez mayor y, entonces, el uso de los instrumentos de guerra resulta —para defender posiciones políticas, geopolíticas o económicas, resulta— cada vez más dañino para las economías mundiales.
Por lo que de ninguna manera esto significaría que el imperio está decayendo sino que no solamente el imperio,  Estados Unidos —sino todo el capitalismo en el planeta en tanto que está dominado por el imperio— en este aspecto no está decayendo. En otros múltiples aspectos —como los señalados más arriba— esta decayendo, pero aquí muestra un progreso evidente.
En fin, que esto es utilizar un  marxismo que sepa medir fuerzas productivas planetarias o que sepa reconocer síntomas de las mismas e, incluso, de las fuerzas productivas configuradas capitalistamente: lo que se necesita para el siglo XXI es un marxismo con fuerzas productivas, y para ello un marxismo que piense al imperialismo sobre la base del capitalismo, no que piense al imperialismo y que deslea al capitalismo industrial, que deslea lo que es el modo de producción capitalista especifico o maquinístico  gran industrial con sus fuerzas productivas, y que entonces  deslea la visión geopolítica materialista de Marx sobre el imperialismo.



1 Veraza Utuzuástegui, Jorge, El siglo de la hegemonía mundial de Estados Unidos: guía para comprender la historia del siglo XX, Ed. Ítaca, México, D.F. , 2004
2Ibíd., cuarta parte.
3Veraza Urtuzuástegui, Jorge, Subsunción real del consumo al capital, Ed. Ítaca, México, D.F., 2008 
4 Lenin, Vladimir Ilyich Ulyanov, El imperialismo, fase superior del capitalismo,  Ediciones en lenguas extrajeras Pekin 1975, Primera edición 1966, cuarta impresión.
5José Blanco, La racionalidad del poder del imperio. La jornada, 10 de mayo de 201





















2 comentarios:

Carina Salazar dijo...

Estimado profesor: su curso y el Barreda en Venezuela dio como resultado, que baso mi marco teorico desde Subsuncion del consumo al capital en este de la alimentacion para mi tesis doctoral. Estoy muy agradecida a ustedes y mi pais por haber tenido la oportunidad de conocerles y leer sus libros.Carina Salazar-UBV

Carina Salazar dijo...

Estimado profesor: su curso y el del Prof.Barreda en Venezuela, dio como resultado, que baso mi marco teorico desde subsuncion del consumo al capital, en este caso de la alimentacion, para mi tesis doctoral. Estoy muy agradecida a ustedes y a mi pais por haber tenido la oportunidad de conocerles y leer y estudiar sus libros.Carina Salazar-UBV